La Sra. María Esperanza, Mensajera de la Reconciliación

(Desde el punto de vista del Obispo de la Diócesis de los Teques, Monseñor Pío Bello Ricardo, tomado de una entrevista personal realizada en 1990).

Monseñor Pío Bello Ricardo, quien aprobó oficialmente la aparición de La Santísima Virgen en Finca Betania, Jesuita, Doctor en psicología, con sólida formación teológica recibida en la facultad de Oña (Burgos, España), declaró:

1sramaria6“Generalmente las apariciones suelen tener protagonistas. En Finca Betania unas dos mil (2.000) personas han visto las apariciones. Sin embargo hay una protagonista principal, ella es la Sra. María Esperanza Medrano de Bianchini, y digo la protagonista por múltiples razones. Primero, ella fue la primera que vio las apariciones el 25 de marzo de 1976. Segundo, porque ella vio las apariciones varias veces antes de 1984 cuando las apariciones comenzaron a ser vistas por esas dos mil (2.000) personas. En tercer lugar, porque la Sra. María Esperanza recibió mensajes antes de que las apariciones fueran vistas colectivamente sobre una tierra santa donde Ella se aparecería. En cuarto lugar, porque la Sra. María Esperanza ha visto las apariciones de Nuestra Santísima Virgen en Finca Betania muchas veces. Generalmente los videntes ven las apariciones en muy pocas ocasiones. La mayoría de ellos han visto las apariciones una sola vez, sin embargo ella ha visto las apariciones en Finca Betania innumerables veces.

En quinto, y último lugar, porque la Sra. María Esperanza es una gran consejera y alrededor de ella se ha formado un gran grupo de personas que sigue sus orientaciones y consejos en la vida espiritual con el trasfondo de las apariciones de Nuestra Santísima Virgen María en Finca Betania.

Por todas estas razones ella puede ser considerada como la protagonista de las apariciones en Finca Betania. Yo la conozco desde 1984, antes no tuve el placer de haberla conocido. En mi opinión ella es una persona muy cristiana con una gran vida de oración y un gran don de consejo para todas las personas que se acercan a ella pidiendo sus oraciones o en busca de sus consejos. Realmente, ella es la protagonista de estas apariciones y Bendito sea Dios por todo lo bueno que ha hecho a las personas que se le han acercado”.

Jesucristo dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.” (Mateo 5:3) Los pobres en espíritu se reconocen por su humildad y la humildad fue la virtud sobre la que más hizo hincapié la Sra. María Esperanza Medrano de Bianchini durante toda su vida. Inclusive se le oyó decir en muchas oportunidades una frase que recibió por inspiración divina y que está ahora impresa en el féretro que contiene sus restos, dicha frase reza así: “La humildad es el puente de cristal que nos conduce al cielo.”

La vida de la Sra. María Esperanza sin duda estuvo llena de signos sobrenaturales que dejaban entrever la presencia de Dios en todas sus acciones, pero a pesar de esto, ella jamás hizo alarde de las gracias que Dios le regaló. Los mismos relatos sobre su nacimiento tienen carácter sobrenatural, se dice que su madre, Doña María Filomena Parra de Medrano, le pedía con ansias a la Santísima Virgen y a Jesús de la Buena Esperanza, que le hicieran el milagro de darle una hija y como promesa les dijo que la llamaría María Esperanza. Doña María Filomena para ese entonces tenía tres varones, por eso soñaba con una niña.
La Virgen y Jesús respondieron a su clamor con el nacimiento de María Esperanza y según cuentan los habitantes de San Rafael, pueblo fronterizo de Barrancas, ubicado al sureste del Estado Monagas, Venezuela para ese día, 22 de noviembre de 1926, Doña María Filomena, con fuertes dolores de parto, abordó una humilde embarcación. Estaba dirigiéndose con gran apuro hacia el hospital del pueblo para dar a luz, pero no pudiendo llegar a puerto, tuvo su bebé en la misma barca justo en la unión del río Orinoco y el Caroní. Así nació María Esperanza el día de Santa Cecilia, patrona de la música.

Dos años más tarde Doña María Filomena tuvo otra hija y después de poco tiempo murió su esposo, Don Aniceto Medrano. Estos acontecimientos motivaron a la familia a mudarse a Ciudad Bolívar. Durante su niñez María Esperanza, a pesar de tener un delicado estado de salud, siempre conservó un espíritu alegre, un claro reflejo de su infinita confianza en Dios quien le devolvió la salud milagrosamente en
repetidas ocasiones.

Su profunda espiritualidad se dejaba ver hasta en su forma de jugar. Contaban algunas de sus amiguitas que en varias ocasiones la vieron jugar con sus muñecos simulando que éstos eran monjas y sacerdotes. También dicen haberla escuchado pidiéndole permiso a Dios, en el altar de su capillita, antes de salir a jugar: “Si quieres yo salgo al patio con mis amiguitas, pero si prefieres yo me quedo contigo.” A la edad de cinco años experimentó su primer encuentro místico. Despidiéndose de su madre, mientras ésta se embarcaba para un viaje, María Esperanza vio a Santa Teresita del Niño Jesús emerger de las aguas del río Orinoco y lanzarle una rosa, la cual tomó en su mano; la rosa era roja y aterciopelada. Ella se la entregó a su madre quien se quedó sorprendida, pues no había flores en el lugar. Desde ese momento en adelante las rosas y su fragancia siempre rodearon su vida.

Más tarde, el día de Nuestra Señora del Carmen, 16 de julio de 1937, María Esperanza recibió su Primera Comunión. A partir de ese momento comenzó a asistir diariamente a la santa Misa para recibir con gran fervor al Señor. Cumplidos los 10 años partió para la ciudad de Caracas en compañía de su madre.

Dos años más tarde, ya en Caracas, fue la primera vez que nuestra Santísima Madre se le presentó a María Esperanza. Tenía doce años de edad y mientras se encontraba postrada en la cama por una bronconeumonía tuvo la visión de la Virgen del Valle, patrona de la isla de Margarita. Ella le dijo que era su madre y que venía para aliviar su malestar. Entonces, la Virgen María le habló de su misión: “Ayúdame a salvar este mundo que se pierde.” Tras esta celestial visita comenzó a recuperarse.

3familia2Desde ese momento hubo en ella un despertar, desarrolló la capacidad de leer los corazones, intuía cuando iban a llegar visitas, sabía si los amigos estaban enfermos o si les había ocurrido algo. A uno que le habían diagnosticado cáncer, le dijo: “Es sólo cuestión de la vesícula y siento que tienen que operarte inmediatamente.” Lo operaron y quedó sano. Oró por un niño con fiebre tifoidea y el niño comenzó a sanar. A una señora con lepra le aconsejó tomar unas pastillas y se curó. Ella siempre decía: “Cuando lo espiritual y lo científico se unan, ya no habrá enfermedades en el mundo.”

A los catorce años se le presentaron problemas en el corazón y todos pensaron que no viviría. Pero con una gran fe y entrega absoluta a la voluntad de Dios, le pidió a Jesús que le diera una buena muerte o que la sanara completamente. Inmediatamente, recibió por inspiración la fórmula que la sanaría escuchando una voz insistente que le decía: “Toma kolastier.” Miró al frente y el Sagrado Corazón de Jesús se le presentó asegurándole que sería sanada. Esta sanación asombró a un grupo de médicos que la habían desahuciado.

A lo largo de su vida ella siempre tuvo profundos deseos de ser religiosa y decidió hacer un ensayo para ello, por lo cual vivió un tiempo con las Hermanas Franciscanas de Mérida, pero para su sorpresa el 3 de octubre de 1954, dos días después de la festividad de Santa Teresita del Niño Jesús, María Esperanza, estando en la Capilla del convento vio a la joven Santa que se le apareció de nuevo, en esta oportunidad también le lanzó una rosa, pero al tomarla una espina le hincó su mano y sangró. Mientras todo esto sucedía María Esperanza escuchó al Sagrado Corazón de Jesús que le dijo: “Tu misión no será la de ser religiosa, tú te santificarás en el mundo como esposa y madre de familia llevando mi mensaje.”

Para el 7 de octubre de 1954, día de la festividad de Nuestra Señora del Rosario, la Madre de Dios se le presentó con el siguiente mensaje: “Además de la Comunión diaria, ayuno, oración, penitencia, debes permanecer en gran recogimiento porque volveré el 12 de octubre (festividad de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza) para preparar tu corazón de madre espiritual de las almas, el cual quedará sellado para siempre como tal. Además serás madre de siete hijos: seis rosas y un botón.”

Después de dejar el convento, Nuestro Señor Jesucristo le dijo a María Esperanza en un mensaje que fuera a Roma donde recibiría las bendiciones del Papa Pío XII. En Roma, en 1955, se cumplió una profecía que San Juan Bosco le había revelado. Dicha profecía señalaba que un 1º de noviembre, festividad de Todos los Santos, frente a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, la cual fue construida por el mismo San Juan Bosco, ella conocería a quien sería su esposo, y entre los signos para reconocerlo estaba el de una espada que él llevaría. Fue allí y ese mismo día cuando conoció a su prometido, Geo Bianchini Giani. Tuvo la plena confirmación de que él era el ser señalado al verlo uniformado como Guardia de la Presidencia de la República con su espada reglamentaria.

Más tarde y por inspiración divina María Esperanza fue a hablar con el Párroco de la Basílica de San Pedro, Monseñor Giulio Rossi, con la intención de solicitarle un permiso especial para casarse en la Capilla del Coro de la Inmaculada Concepción, donde el Papa Pío IX, ciento dos años antes, había decretado dicho dogma. Monseñor Giulio Rossi, después de ver un brillo particular en el rostro de María Esperanza decidió solicitar al Papa Pío XII la aprobación para la realización del matrimonio en la histórica Capilla, el Papa expresó que la conocía y que daba su autorización. El matrimonio se celebró el 8 de diciembre de 1956, día de la fiesta de la Inmaculada Concepción en la Capilla con el mismo nombre.

Desde ese momento el Sr. Geo fue su más fiel compañero, permaneciendo a su lado en todo momento, identificado plenamente con su misión y apoyándola en la formación de su hermosa familia, las seis rosas y el botón que la Virgen le prometió a la Sra. María Esperanza: María Inmaculada, María Esperanza, María Gracia, Giovanni, María Coromoto, María Auxiliadora y María del Carmen, todos están ahora casados y con hijos. Sus padres los criaron con gran esmero apegados a la Iglesia católica, los sacramentos (especialmente la Eucaristía diaria), la oración, la caridad, el amor y la reconciliación.

Una de las figuras claves en la vida de la Sra. María Esperanza fue el reconocido Santo italiano San Padre Pío de Pietralcina, quien después de su muerte en el año 1968 le dejó, como herencia espiritual de incalculable valor, las llagas de Nuestro Señor Jesucristo.

1sramaria_geo_1Años más tarde, y de acuerdo con las descripciones hechas por la Santísima Virgen en sus mensajes, la Sra. María Esperanza y su esposo, el Sr. Geo, encontraron Finca Betania, un fundo agrícola ubicado a doce kilómetros de Cúa, parroquia de Nuestra Señora del Rosario de la diócesis de Los Teques, Estado Miranda.

Nuestra Madre Celestial cumplió su promesa de que se haría presente en la Finca y en la festividad de la Anunciación, el 25 de marzo del año 1976, apareció por primera vez en Betania. La Sra. María Esperanza fue la única que pudo verla, sin embargo, aproximadamente ochenta personas presentes ese mismo día observaron una nube que brotó del monte, variados fenómenos luminosos y el sol girando. La Sra. María Esperanza volvió a ver la aparición en el sitio durante ese año y en los años sucesivos.

En la festividad de la Anunciación en 1978, que ese año fue Sábado Santo, la Virgen le dijo: “Hijita, éste no es un sueño; es una realidad mi presencia entre vosotros. ¡Obedece y sigue fiel a esta Madre para que puedas gozar por toda la eternidad! Acepta la ardua tarea de llevar mi mensaje de amor y reconciliación a todos los pueblos y naciones. Sufrirás, pero qué gozo y dicha será ver que has sido fiel a ésta, vuestra Madre. Os llevo de la mano.” Este mensaje era una confirmación de la misión que la Santísima Virgen le había encomendado a la Sra. María Esperanza como embajadora de la reconciliación y como alma víctima en reparación por los pecados de otros.

El 27 de noviembre de 1978 la Santísima Virgen le dijo: “Para el año 1983 podrás con gran claridad comenzar a realizar la labor del movimiento de tierra, y luego en 1984 el Gran Acontecimiento de mi presencia en el lugar, y allí… conversiones, sanaciones de cuerpo y alma, vocaciones sacerdotales y religiosas, unión en los matrimonios, familias regeneradas a la fe, carismas del Espíritu Santo obrando en todos cuantos se acerquen con humildad. Los que arrepentidos y llorando sus extravíos vuelvan sus ojos a la gruta de mi aparición pidiéndome perdón, recibirán un caudal de gracias; todos serán bien recibidos, sus almas quedarán puras y limpias como el día que fueron purificados por el santo Bautismo, todos resucitarán con mi Hijo. ¡El 25 de marzo de ese año, una gracia muy especial te daré… todos los allí presentes me verán, ya llega ese gran día!”

Efectivamente, tal y como la Virgen le había anunciado, el 25 de marzo de 1984, ella se apareció de nuevo, pero en esta oportunidad pudiendo ser vista por todos los presentes, alrededor de 150 personas. Quienes tuvieron el privilegio de presenciar tan increíble acontecimiento dicen haberla visto 7 veces en un lapso de aproximadamente 3 horas durante la tarde. Esta aparición fue conocida públicamente a raíz de los testimonios de un grupo considerable de personas que esa misma semana acudieron a la Curia Diocesana presidida en ese momento por Monseñor Pío Bello Ricardo (+), Jesuita con doctorado en psicología, y sólida formación teológica recibida en la facultad de Oña (Burgos, España), quien los recibió e interrogó con amabilidad y apertura aunque, como él mismo afirmó, con actitud interior de duda y escepticismo. No obstante, dada la calidad de los informantes y los datos que exponían, juzgó que el asunto debía ser investigado con seriedad. Dedicó más de 500 horas a esta investigación lo que incluyó un viaje especial a Roma para recibir instrucciones de la Santa Sede. Estudió más de 381 declaraciones escritas, algunas colectivas; el número de personas que firman esas declaraciones es de 490 y entrevistó a más de 200 testigos.

Finalmente, convencido de la autenticidad de las apariciones, él oficialmente dio la aprobación de la Iglesia el 21 de noviembre del año 1987: “En consecuencia, después de haber estudiado con empeño las apariciones de la Santísima Virgen María en Finca Betania, y de haber pedido asiduamente al Señor el discernimiento espiritual, declaro que a mi juicio dichas apariciones son auténticas y tienen carácter sobrenatural.”

Así, Betania se convirtió en la cuarta aparición aprobada por la Iglesia católica en el siglo XX. Con relación a la Sra. María Esperanza, a quien conoció en el año 1984, Monseñor Pío Bello aseguró: “En Finca Betania unas dos mil personas han visto las apariciones, sin embargo, hay una protagonista principal que es la única que recibe los mensajes de la Santísima Virgen, ella es la Sra. María Esperanza Medrano de Bianchini. En mi opinión, ella es una persona muy cristiana con una gran vida de oración y un gran don de consejo para todas las personas que se acercan a ella pidiendo sus oraciones o en busca de sus consejos.

Bendito sea Dios por todo lo bueno que ha hecho a las personas que se le han acercado.” De hecho, su vida fue siempre un servicio continuo a los demás siendo una de sus máximas: “Servir y no ser servidos y servir en continuación sin cansarnos de que nos molesten.”

La misión de la Sra. María Esperanza apenas había comenzado, ya que Nuestra Señora tenía mucho más reservado para ella. Continuaría su obra evangelizadora más allá de las fronteras de su país, pero esta vez de manera pública.

La Sra. María Esperanza siempre viajó por indicaciones directas de la Santísima Virgen llevando su mensaje de reconciliación y unidad fraternal. De esta manera visitó varios lugares del mundo, siempre dando la Palabra con el debido permiso eclesiástico en Iglesias y participando en conferencias marianas. Ella siempre fue respetuosa de las demás religiones, creencias y fe: “Amemos a todos, amemos a nuestros hermanos separados también, amemos todas las fe del mundo y no despreciemos a nadie. Hay que respetarse mutuamente sin ofenderse y sin violencia. La violencia atrae la violencia, el amor atrae el amor y gana los corazones de los rebeldes, de los pecadores, de aquéllos que no quieren reconocer a su Dios.”

1sramaria15Como se mencionara anteriormente, la Sra. María Esperanza desde muy joven recibió numerosos mensajes de la Santísima Virgen, quien la preparó espiritualmente a lo largo de su vida. En ellos Nuestra Madre le había avisado con anterioridad el desarrollo de acontecimientos históricos, guerras y hechos alrededor del mundo, pero siempre ofreciendo un mensaje de esperanza con la ternura infinita que una madre tiene para con sus hijos, impulsando al hombre a salir de los momentos difíciles siguiendo la Palabra y el ejemplo de su Divino Hijo Jesús.

La Santísima Virgen también envió con mucha frecuencia palabras hermosas y llenas de un amor infinito a todos sus hijos sacerdotes y a sus hijas religiosas exhortándoles a seguir con la misión encomendada por Dios de guiar a su Pueblo y de llevar el mensaje de Nuestro Señor Jesucristo.

La Sra. María Esperanza durante su vida demostró un gran espíritu de sacrificio, de entrega total al bien de las almas y de oración. Ella siempre decía: “La oración es el puntal de luz que ilumina al hombre en medio de la oscuridad de la noche.” Esta virtud se vio destacada en las palabras de Monseñor Pío Bello cuando expresó que desearía tener su don de oración.

Desde temprana edad, Dios la gratificó con dones y carismas extraordinarios, tales como: estigmatización, visiones del porvenir, don de curación, materialización de la Santa Hostia en su boca, emisión de perfumes de flores y frutas, aparición de pétalos de rosa, levitación, bilocación, transfiguración y un fenómeno místico único, el nacimiento o salida de una rosa que brota de manera espontánea de su pecho, fenómeno éste que se repitió dieciséis veces a lo largo de su vida.

El movimiento de piedad, conversión y reconciliación que ella despertó en muchas almas que se cruzaron en su camino, le ha valido el reconocimiento de parte de distintas autoridades como “una de las más grandes místicas en estos tiempos.” Entre los pensamientos que expresaba invitando a la reconciliación está: “La quietud de un alma ayuda a reflexionar y a aunar fuerzas para restablecer los pueblos y naciones, todo ello por medio de la oración, la meditación, la penitencia, la Eucaristía.”

En el año 1995 le fue otorgado el Premio Cecilio Acosta en Caracas, Venezuela, por su valiosa contribución, ejemplo e inspiración como promotora de la fe y de los valores cristianos, en el año Internacional de la Mujer.

La Sra. María Esperanza luchó por cumplir el pedido de la Santísima Virgen de llevar su mensaje de reconciliación al mundo entero: “Cuando os pregunten qué mensajes os han sido dados, responderéis textualmente: Nuestra Madre ha venido como María, Virgen y Madre Reconciliadora de todos los Pueblos y Naciones y su mensaje es comprometerse a un mejor servicio a la Iglesia católica y este servicio lo tenemos que hacer reconciliándonos más y más todos los cristianos ya que la reconciliación trae estímulo a los derechos del hombre, justicia social, renovación y carisma. Aún más, la reconciliación supone la verdad, el amor, la reparación y libertad de conciencia para vivir en cónsona con la doctrina que nos legó Jesucristo.”

Después de superar numerosas pruebas durante su vida sirviendo a Dios en sus hermanos, comenzó a padecer una enfermedad que le deterioró vertiginosamente la salud con una sintomatología similar al Mal de Parkinson. Fue así, como el Señor la llamó a recibir el premio celestial el 7 de agosto de 2004 en la ciudad de Long Beach Island, Nueva Jersey, en los Estados Unidos de América acompañada por los 34 miembros de su familia. Tenía 77 años.