Palabras De La Sra. María Esperanza De Bianchini, Del Jefe Roderick Alexis Y Otros, Residencia Del Jefe Roderick Alexis, Glevenis, Lac St. Anne, Alberta, Canadá (25-05-1998)

Lunes, 25 De Mayo De 1998

SRA. MARÍA ESPERANZA DE BIANCHINI: […] ustedes lo han hecho con mucho amor y yo he respondido con mucho amor. Es en el amor que consisten todas las cosas que hacemos por la gracia de Dios: Él, nosotros y la Virgen Santísima.

Ella cuidará su rosal, ella se encargará de regarlo cada día, ella será la Madre Santa que custodiará esta casa y la ha custodiado siempre y seguirá aquí bendiciéndolos, fortaleciéndolos y ayudándolos a crecer cada día más y más con las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad pudiendo así en hermandad fraternal poder conducir un pueblo hacia la luz del nuevo amanecer de Jesús.

Dios los guarde a todos, benditos seáis todos.

(En el momento de bendecir los alimentos, dirigió la siguiente oración:)

  • En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
  • Dígnate, Señor, bendecir esta comida que te ofrecemos venida de tu bondadosa mano.
  • Gracias te damos, Señor, por esta comida que nos darás hoy y que no falte nunca a los presentes y a toda la humanidad, que todos los pobres, los más necesitados tengan su mesa servida desde este día de hoy. Amén.

(En conversaciones con los presentes expresó, entre otras cosas:)

[…] respetándolos y dándose en una labor en la cual puedan contribuir sus manos, ofrecerlas para el trabajo sea cual fuese para el bien de esa comunidad, su crecimiento y su desarrollo. Y dar gloria a Dios, gloria a María, gloria a la Iglesia, a nuestra madre la Iglesia, porque ahí vamos incluidos todos en la salvación de un Pueblo de Dios.

Pueblo de Dios somos todos y ese pueblo tiene que desarrollarse y crecer, todas las comunidades cristianas en el mundo, todos nuestros indios, todas nuestras almas siempre en un quehacer diario. No podemos estar esperando; tengamos nuestros momentos de reposo, de tranquilidad, pero tengamos nuestros momentos también de trabajo, de esfuerzo, de liberación.

  1. EUGEEN ALEXIS: Le pido que rece por el jefe.

SRA. MARÍA ESPERANZA DE BIANCHINI: Por su salud de él, por la paz para que pueda ordenar todas sus ideas perfectamente en todo lo que tiene que hacer, cómo debe vivir y cómo debe desarrollar esta obra.

Esta obra va a crecer, va a crecer yo sí creo, por algo me trajo Dios aquí. Donde yo he ido, gracias a Dios, ay, le doy gracias al Señor, en verdad la gente ha echado para adelante, las ordenes, la gente se ha desarrollado en su esfuerzo, en su trabajo muchísimo, en todas partes del mundo.

  1. EUGEEN ALEXIS: (Entregándole a la Sra. María Esperanza un cuadro que pintó le dijo:) Fue un sueño que tuve donde el Señor me dijo que con su Sangre purificaría la tierra.

SRA. MARÍA ESPERANZA DE BIANCHINI: ¡Qué belleza!

  • Sangre y agua que brotáis del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de misericordia, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Él está perfecto, bello. Ay gracias, hijo, éste es el regalo más grande que puedo recibir en este momento para que Dios me dé fortaleza, me dé mucho amor en mi corazón, mucha sensibilidad humana para poder con mi pobre oración, con mis buenos deseos, con lo que yo pueda, ayudar a quien lo necesitara.

Van a crecer, van a desarrollarse y esta tierra será poderosa – se van a acordar de mí – por un hecho muy particular. Acuérdense de esto. Y se van a impresionar, pero hay alguien que toca aquí, no sé, para desarrollar esto y para ayudarlos.

Lo felicito, gracias.

(Más tarde dijo:)

            […] para enfrentar a un pueblo y para ayudar a ese pueblo a crecer y a desarrollar sus aptitudes como personas, de las fuentes de trabajo que Dios quiera para vosotros. Esa es la base.

Yo espero y confío que esto vendrá, muchas cosas van a surgir, esto va a crecer, está creciendo y va a crecer aún más, en desarrollar esto no en un pueblo en una ciudad.

Cuando yo entré, yo se lo dije a Geo: Esto se va a desarrollar en una gran ciudad en donde todos tendrán los medios para vivir: Los ancianos, que los olvidan tanto, van a tener aquí su protección; los niños abandonados tendrán también un lugar; las madres que están solas también; los hombres sin fuente de trabajo van a trabajar; esto se convertirá en una fuente de trabajo.

Así es que se levantan los pueblos, las naciones, a fuerza de trabajo y de sacrificio.

JEFE RODERICK ALEXIS: Se nos dijo que vendría una mujer de las aguas sanadoras y piensa uno en Betania, piensa uno en ella y la fuente que brota de ella. ¿Saben?, cuando ella estaba rezando yo veía una fuente que corría, aunque no sólo es lo que uno ve, sino el correr de las aguas que el Señor te permite ver espiritualmente. Yo creo que eso es.

SRA. MARÍA ESPERANZA DE BIANCHINI: Ahorita me siento conmovida en lo más profundo de mi corazón, porque he visto la sencillez, la humildad y la sabiduría al mismo tiempo de vosotros; todo ha sido tan bien hecho, tan perfecto que solamente el Espíritu Santo con el don de la sabiduría ha podido darle a ustedes todas esas ideas y todas esas cosas bellas y hermosas que nos han ofrecido hoy viviendo, como quien dice, aquella época con el Señor con sus apóstoles, compartiendo la mesa, el pan, el vino.

Así nosotros también hoy hemos compartido con vosotros y además con todas estas familias de aquí, con todos nuestros nativos; yo digo nuestros, porque me considero también india porque yo amé a los indios desde muy niña por mi padre a quien amé, y él quiso mucho a los indios, él fue como un padre para ellos.

Pero, fíjate tú, cómo pasan los años, el tiempo, Dios me vuelve otra vez a poner en mi niñez, cuando era chiquita pues, y ahora.

Entonces, yo diría, que realmente estoy profundamente realizada con todo esto que ustedes me han ofrecido, nos han ofrecido: Ese almuerzo, ese consomé tan sabroso que me tomé, que me gustó mucho. Sí señor, sí, muy bien porque solamente así podía comer, que me gusta mucho sí, sí y es que estaba exquisito, les digo que desde hace tiempo que no me tomaba una cosa así. Y después todos estos momentos… cuando recibía a las personas, como tú te vas dando cuenta de la misericordia de Dios, de la luz, de la gracia que Él da, de la fuerza constructiva que nos enseña, que es una fuerza que nos da y a la vez nos está construyendo, construyendo para el mañana y esa construcción es para los jóvenes, para los que nacen, para los niños, para los jóvenes es muy bueno y también a nosotros los mayores, nos toca también.

Y me ha llamado la atención realmente la unión entre ustedes también, porque es tan difícil encontrar que se ame la gente. Yo he visitado muchas naciones, muchos pueblos, muchas cosas, pero tú ves la gente que de golpe están juntos y de golpe tú ves a la gente que está toda así como desunida, y yo los he visto a ustedes en unidad perfecta, en unidad de amor, de colaboración, de apoyo, de ternura y esas son cosas que me tocan mucho el corazón.

(Refiriéndose al Jefe Alexis y a su esposa.)

He visto la humildad, la paciencia de él y su mujer una paciencia perfecta, su esposa, qué buena persona, qué humilde mujer, qué gracia tan grande, a su familia, a su gente, sí señor, ella está como una cosita así que va bien llevando por aquí, por aquí.

(Risas.)

Uno observa que están muy unidos. Ha sido hermoso. Sus hijos tan buenos todos, todos unidos con mucha familiaridad, con mucho amor, sus amigos, óyeme, realmente los felicito. Vale la pena luchar, trabajar y esforzarse por formar algo así tan hermoso, tan bello.

Bueno, yo no puedo quejarme tampoco porque en Betania verdaderamente hay almas muy buenas también y todos siempre estamos unidos, eso sí es verdad.

Yo espero algún día recibirlos en Betania. ¿Verdad, Jesús; verdad, Luisa? Los vamos a recibir, ¿verdad?, en Betania algún día, que vaya un grupo así, ay que nos sintamos… pero tengo que hacer las casitas para meterlos, ¿porque a dónde van a dormir?

(Risas.)

Hay que hacer las casitas, bueno, vamos a ver si Dios quiere o el hotel, lo que Dios quiera que hagamos para que vayan por allá también a crear verdaderamente, a enseñar, porque ellos saben, chica, mucho. ¿Sabes? Ellos saben mucho, son como maestros, tienen muchas ideas, tienen muchas cosas, perspectivas del futuro, gracias hechas verdaderamente por la gracia de Dios muchas cosas.

Esto aquí es un paraíso. ¿Verdad? ¿Tú sabes lo que es tener un lago? Eso es lo que nos hace falta allá, si el río yo lo pudiera abrir lo abriría. Tú sabes que el otro día yo pensaba eso así, ¡ta, ta, ta!, quitando, quitando y que se abriera un río así. Entonces pues, me encantaría también.

Pero aquí no, aquí es un lago para recrearse, eso es una belleza, una belleza. Bueno, allá nos encaramamos en las montañas para ver los cerros bellísimos, las montañas bellísimas, pero esto está aquí soñado verdaderamente y está la naturaleza tan bella, tan verde, verde esperanza, blancura de la Madre de Dios con las florecitas, el cielo azul inmenso, las nubes, tres nubes grandes allá, mira: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Como quien dice: Aquí está el Señor, convive entre vosotros, no os apartéis nunca de la naturaleza porque la naturaleza es la fuente de vida del hombre, porque podemos mirar, contemplar y respirar el aire puro de la montaña, de los lagos, de los ríos, de ese yugo amoroso que Dios nos concede, que nos da, que nos alivia.

Vean allá como se mueven esas maticas, qué belleza, son como pinceladas de amor, pinceladas de vida nueva, de regocijo, de alegría, de ternura, de compasión, de amor, de belleza universal porque es el universo entero que está cantando, que está abriendo rutas y caminos a los que vienen detrás.

(En ese momento pasó volando una paloma blanca.)

Y el águila también, el Espíritu Santo viene a iluminarnos, son tantas cosas a un mismo tiempo, qué bella es la vida, qué amor tan grande en nuestro corazón cruzando el espacio, como quien dice: “Aquí estoy, aquí estoy, soy el Espíritu Santo que vengo a iluminarlos a todos para que reguéis la semilla por el mundo y no os contaminéis nunca con el hombre de pecado y viváis vida auténtica cristiana porque es allí donde estoy Yo. Mi Corazón se abre para que todos entréis y renovéis la Tierra con vuestra predicación de amor, de la verdad, de la justicia, porque es justicia lo que traigo; dando al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.”

Entonces, pues, estamos para aprender cada día, nunca terminaremos de aprender, estamos para ver una gran verdad en el año 2.000. Falta poco que pasar, entonces tenemos que prepararnos porque el Señor se está acercando a pasos agigantados y el hombre está durmiendo todavía, está pensando en guerras y en matanzas en vez de prepararse para esperarlo a Él.

Así que, hermanos míos, yo los invito en este atardecer tan hermoso y bello con esas nubes blancas que nos están envolviendo tan bellas, delicadas, suaves para ayudarnos a volar – y digo volar, porque qué bello es soñar, volar es soñar, es vivir una vida auténtica cristiana donde está Dios, donde está la Virgen María, donde está Jesús ayudándonos para que crezcamos espiritualmente – que renovemos nuestra promesa del bautismo, que realmente cumplamos con nuestros deberes de católicos, de cristianos, de verdaderos hijos de Dios.

|Sí, hermanos míos, yo los invito a la oración, a la meditación, a la penitencia, a la Eucaristía para que seamos alimentados para siempre y que no nos falte nunca, que al levantarnos por la mañana elevemos los ojos al cielo y demos las gracias a Dios por la noche que hemos pasado ofreciéndole el nuevo día de un amanecer, un día más de vida, para un gran día hermoso, radiante, lleno de luz como este atardecer tan hermoso que está lleno de luz, está lleno de amor, está lleno de ternuras.

Esas nubes han venido a cubrirnos para que ese velo blanco nos cubra a todos nosotros, a toda esta familia, a este hogar y a nuestras familias todas.

Vamos a hacer una convivencia espiritual dentro de algún tiempo, no sé cuándo, pero yo los espero en Betania para abrir rutas y caminos a los que vienen detrás, afianzando nuestras pisadas en el Monte Sión de estos tiempos.

Que Dios nos guarde a todos, que María Virgen y Madre de la Iglesia nos acune en su seno materno para alimentarnos y hacernos como pequeños niños que viven en el regazo de su madre.

Y ahora, ¿qué puedo decirles yo a ustedes?, sino gracias, muchas gracias de este convite amoroso, diría yo, un convite amoroso del cielo, de los ángeles, de las vírgenes, de todos nuestros protectores, de todos nuestros guías que tenemos para ayudarnos a caminar mejor, para conocernos, para entendernos, para pensar que la convivencia es la fórmula bendita que nos ayuda realmente a vivir el Evangelio. La convivencia – recuerden esto – saber convivir, compartir, hacernos como pequeños niños, o sea, tratar de realizarnos como niños, porque en el niño inocente entra el Señor, pero si creemos que somos sabios… allí no puede entrar.

Hoy hemos vivido como niños en estos momentos con lo que acabamos de hacer, hemos realizado este paseito aquí cantandito y bailandito, al Señor le gustan esas cosas bonitas. La Virgen María también jugaba con su Niño y José también, los tres formaban un conjunto hermoso. Son cosas tan bellas que nunca tenemos palabras para dar gracias a Dios. Y fíjate, esa nube nos ha cubierto con la blancura y la pureza de la majestad suprema del Señor.

Gracias te doy mi Dios y bendice nuestras familias, nuestros hogares, santifícanos y ayúdanos a caminar en este nuevo día de tu amanecer, porque aunque está atardeciendo es como un amanecer, amanece y los rayos del sol nos bañan.

Piensen en una mañanita clara en este momento, que los rayos del sol vienen a iluminarnos. ¿Pasaron las 6:00 de la tarde, verdad? Exactamente, ya viene la madrugada, ya viene después, es el sol, o sea, que resplandeció. ¿Cuántas horas?

  1. JESÚS ANDRÉU: 17 horas.

SRA. MARÍA ESPERANZA DE BIANCHINI: Exacto.

Y ahora para todos ustedes, muchísimas gracias.

Ese señor con esa guitarra se ha comportado una maravilla. Cómo canta, cómo nos ha distraído, que Dios te dé la vida, que Dios te dé la salud a toda tu familia, a todos tus seres queridos para darle gloria a Dios y alegría a su familia y a todos los seres que lo acompañan, que Dios te bendiga.

La humildad es el puente de cristal que nos conduce al cielo, así que seamos humildes en todo momento porque allí está Dios; no es la humildad de vestirnos de harapos como dicen por allí, no, no; tenemos que ser espontáneos y naturales. Dios nos quiere así, Dios no nos quiere muy aparatosos, nos quiere tal como somos con nuestras cualidades y defectos, así nos quiere Dios.

Entonces, vamos a obtener en este día las cualidades necesarias para poder formar una gran familia, una gran familia en el universo entero, en toda la Tierra, en las aguas, en los mares, en los ríos, en las costas, aquí.

Aquí van a formar una gran familia, ya está formada esta familia, pero ahora será más grande todavía porque vendrá mucha gente de todas partes del mundo.

Que Dios nos bendiga a todas. Amén.

Ahora hable usted.

JEFE RODERICK ALEXIS: En el nombre de mi pueblo no quiero hacer el discurso de despedida, pero en mi corazón tengo una tristeza… tengo alegría por mi gente.

Gracias a las oraciones que usted ha hecho por ellos, le doy las gracias. Nunca podremos pagar algo como esto, pero le pedimos a nuestro Padre Celestial que le continúe dando esa fortaleza y rezaremos por usted.

Yo sé que algunos de mi pueblo, los ancianos y el grupo aquí, realmente se sintieron conmovidos y disfrutaron de su compañía y nunca soñamos que usted estaría parada aquí en nuestro propio jardín rezando por la gente, a veces para mí es un milagro.

Mi gente aquí, mi grupo rezó para que recibiéramos bendiciones y yo siento el amor que tiene Jesús y que tiene la Santísima Virgen, lo puedo sentir ahorita mismo. Yo les dije hace unas semanas atrás que si nosotros recibíamos esa luz estaríamos salvados y realmente lo creí en mi corazón. Nunca dejaremos de hacer lo que estamos haciendo, continuaremos porque esto es lo que nos hace fuertes.

Y quiero agradecerle por esta maravillosa visita, por su compañía, por su familia. Realmente lo apreciamos, y siento que estoy hablando por todos, que somos hermanos y hermanas, que somos una sola familia; y a pesar de que ustedes están a una gran distancia lo único que tenemos que hacer es cerrar nuestros ojos y los tendremos delante de nosotros. La distancia para Dios no es un problema porque cuando cerramos los ojos nos vemos, de la misma manera los vamos a ver, vamos a estar caminando con ustedes cuando se estén yendo a su casa y sabemos que ustedes también caminarán con nosotros aquí y algún día estaremos allá. (Refiriéndose al cielo.)

(Aplausos.)

Vamos a rezar por ustedes para que tengan un feliz viaje a casa.

(El Jefe Alexis dirigió una sentida oración en su idioma la cual culminó llorando con un Padrenuestro, Avemaría, Gloria y Jesús mío. Luego, su esposa Doreen agregó sus reflexiones en su idioma.)

SRA. MARÍA ESPERANZA DE BIANCHINI: Danos un corazón lleno de gratitud y de amor a Ti por todo lo que has hecho en este día.

A todo este pueblo te lo entrego, Señor, Pueblo de Dios, pueblo vuestro, pueblo tuyo, Señor, protégelos, ayúdalos, acompáñalos, rígelos, gobiérnalos, ilumínalos, defiéndelos y dales los medios para levantar este pueblo, Señor, ayúdalos y ayúdame a mí también para yo también ayudar.