Palabras de la sierva de Dios María Esperanza de Bianchini en el salón parroquial de la iglesia Santa Bernardita. Búfalo, Nueva York, EE.UU

Miércoles, 21 de mayo de 1997  10:15 p.m.

[…] y aquí estoy de pie, yo no he descansado en estos días para nada y el Señor me tiene al servicio suyo. Yo le sirvo con mucho amor y humildad. Eso sí, todo lo que hagan ustedes, háganlo con humildad, con sencillez, con devoción y con docilidad humana. La docilidad humana el Señor la ama mucho porque allí está Él; Él fue dócil hasta llegar a la Cruz para salvarnos a nosotros.

Ahora reciban, esperen, confíen y entréguense a la gracia.

“En el Nombre de Mi Padre, Yo los bendigo, hijos Míos;

en el Nombre de Mi Madre, Yo los curo del cuerpo y del alma

y les guardo aquí en Mi Corazón, les guardaré, les guardaré, les guardaré aquí en Mi Corazón desde hoy y para siempre.”Que la paz sea con vosotros y que la luz del Espíritu Santo ilumine sus almas, están en paz y en armonía con el mundo entero. El amor de una Madre es la esperanza de sus hijos para que podamos seguir las huellas de su Hijo porque Él bendecía las multitudes y las curaba.

Yo soy una pobre mujer, pero Ellos lo pueden todo, todo lo pueden, el poder de Ellos es infinito. Pongámonos en sus manos y si es la voluntad de Dios que seamos curados todos, así será para la gloria de Dios, bien de nuestras almas y la salvación del mundo entero.

Que Dios nos guarde a todos.

Bendito sea Jesús, bendita sea María nuestra Madre que nos viene a buscar para ayudarnos a caminar mejor y a vivir vida auténtica cristiana de los hijos de Dios, de los hijos que lo aman, que lo sienten y que realmente desean vivir el Evangelio.

Vivamos el Evangelio todos unidos y proclamemos: El Señor Jesús convive entre nosotros; no lo vemos, pero lo podemos percibir en nuestros corazones para vivir el Evangelio.

Gracias a todos.

Que Dios los bendiga, que Dios los guarde.

Vayan a sus hogares llenos de confianza, llenos de humildad, de amor, de consideración hacia sus hermanos. Sean generosos; no podemos ser mezquinos, no, no.

Dios nos quiere nobles y honestos. Él fue tan grande, tan puro, tan limpio que se daba a aquella multitud, Él no perdía un día, todos sus días fueron dedicados al Pueblo de Dios, a su pueblo amado, a su pueblo amado de Jerusalén y Él todavía lo sigue amando, aún a aquéllos que no lo sienten, ni lo prediquen. Él ama a todos, para Él no hay ni ricos ni pobres, ni feos ni bonitos, para Él todos sus hijos son iguales, sus hermanos menores, Él es el Hijo mayor, el hermano mayor y nosotros somos sus hijos menores, sus hermanos menores.

Entonces, esos hermanos menores tenemos que ser humildes y concientizar realmente qué quiere Dios de nosotros. No es que tenemos que hacer esto y por aquí… y nos llevamos a quien sea; no. Seamos muy pulcros, muy honestos y muy dignos de ese amor de Jesús que nos ofrece para que podamos vivir en paz con nuestros seres queridos, con nuestra familia, con todos en nuestro trabajo, en nuestras empresas, en nuestros logros, en todo; y, decir continuamente como le dijo a Sor María Faustina:

  • Jesús, yo confío en Ti.
  • Jesús, yo confío en Ti.
  • Jesús, yo confío en Ti.
  • Sangre y agua que brotas del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de  misericordia, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
  • Ave María purísima, sin pecado original concebida.

Que la paz del Señor sea con ustedes.

Me voy llena de gratitud porque ustedes realmente han dado la talla, comenzando por nuestro Obispo, el Obispo vuestro, nuestro Obispo y todos sus sacerdotes y todas las personas de la comunidad. Yo les agradezco infinitamente todo este recibimiento en busca de mi Señor, en busca de su Madre. Que Dios los guarde y que Dios remedie todas sus intenciones, todas sus necesidades y que se amen.

No importa que tú seas negro o blanco, pertenezcas a aquello o a esto; no… amar, amar, amar, y perdonar y tener misericordia de todos. No podemos ser racistas, no podemos medir, no, no, no.

Está llegando un momento muy difícil en el mundo y tenemos nosotros que mejorar el ambiente con nuestras oraciones para que no vengan guerras, ni cosas nucleares, ni nada de aquello que nos pueda dañar. Pensemos en nuestros hijos, en nuestros seres queridos, en nuestros nietos – nosotras las madres – y en la juventud que son los que van a las guerras, que son a los que llaman; pensemos en todo ello ahorita evitando todas estas cosas, estos desastres. Vamos a evitar las polémicas con las naciones que tengamos cerca, vamos a vivir en paz y en armonía unidos por el amor de Jesucristo.

Gracias a todos.

Que Dios los bendiga, que Dios los guarde, que la paz del Señor sea con todos vosotros.

Nuestra fe y devoción deben ser al Padre que nos creara, a su Divino Hijo que se diese en la Cruz por nosotros para salvarnos, al Espíritu Santo para que nos ilumine el camino seguro y a María nuestra Madre.

La oración es el puntal de luz que ilumina al hombre en medio de la oscuridad de la noche. Entonces, sigamos esa luz que es la luz de la verdad, del amor, de la comprensión y de la justicia.

Dios los bendiga.