Discurso de la Sierva de Dios María Esperanza de Bianchini en Valley Forge Music Fair. Valley Forge, Pensilvania, EE.UU.

Lunes, 25 de abril de 1994  8:00 p.m.

Estoy conmovida y doy las gracias… las gracias que María está repartiendo en esta noche aquí, para que todos se sientan complacidos con su presencia, para que haya entre vosotros solidaridad humana por la gracia del Espíritu Santo actuando en cada uno de vosotros pudiendo sentir en sus corazones el regocijo palpable de que María está aquí escuchando todas sus peticiones. Hay algo hermoso, florido y maravillo: un querubín celestial, Jesús, su Divino Hijo, allí que nos lo está entregando. Démosle un aplauso a Jesucristo.

Agradezco infinitamente la invitación a los Mariani, a Drew, su padre y su mamá, todo el pueblo vuestro, toda esta gran ciudad, todos estos pueblos vecinos y personas que han venido de otras partes.

Qué hermoso es sentir que la Madre nos llama para poder así confiarle a ella todo cuanto llevamos dentro y ella con una sonrisa suave y delicada les abre sus brazos diciéndoles: “Hijitos míos, mi Corazón os di, mi Corazón os doy y mi Corazón os seguiré dándoos por siempre.” He aquí, pues, la Madre Santa, María Virgen y Madre de la Iglesia y digo de la Iglesia porque es la Madre de la Iglesia que nos está llamando a todos; una Iglesia santa, apostólica, romana, sí, la Iglesia Madre, una Iglesia Santa, una Iglesia mística, tierna y delicada con sus hijos y complaciente para todos, para ayudarlos a caminar mejor.

Este mensaje de mi Madre es un mensaje de amor, de fidelidad, de confianza en el Señor para recuperar las almas, para afianzar los corazones, para que todos sigan adelante venciendo tropiezos, venciendo al enemigo porque muchas veces él trata de detener la marcha de las obras del Señor; pero esta Madre, Virgen y Madre de Nuestra Iglesia, Reconciliadora de los Pueblos nos viene a reconciliar y ha venido a este lugar para llamarlos, diciéndoles: “Mis pequeños aquí estoy, vengo en busca vuestra para que podáis vivir vida cristiana verdadera con un corazón abierto, sencillo, humilde, generoso y compasivo de vuestros hermanos.” Tenemos que tener compasión de nuestros hermanos; no importa cómo lleguen, de dónde lleguen, cómo vengan… lo importante es tenderles las manos para ayudarlos a caminar por el sendero de las virtudes cristianas.

Ya lo veis vosotros, tenemos en la Cátedra de San Pietro a un gran Papa, el Papa de estos tiempos, un hombre justo, un hombre generoso, un hombre compasivo, un hombre que llega profundamente al corazón de los católicos del mundo. Viene a tocar las cuerdas vibratorias de todos sus hijos; él representa a Jesús, sí, y está trabajando con la honestidad de un verdadero apóstol, un verdadero hijo de Dios, un Pontífice que abre su corazón a todos.

Les hablo del Santo Padre porque realmente necesitamos unirnos a él de manera especial en estos momentos cuando su salud se siente en quebrantos, muchos quebrantos, mucho dolor, son tantas las cosas, es por ello seamos comprensivos y muy amables con él. Oremos por su salud, para que el Señor le prorrogue la vida. Tiene que vivir, tiene que vivir, Señor, le has dado prórrogas de vida, pero en este momento urge para que así todos nosotros podamos elevar nuestra plegaria a Dios diciendo:

  • Padre santo, generoso y compasivo con tus hijos, aquí tienes a este hijo, Juan Pablo II, es tu siervo amado, es el siervo de estos tiempos que nos viene a recuperar, entonando un cántico de amor a una Madre, María de Nazaret, la Flor del Carmelo, la violeta silvestre de los campos, es ella María, la humilde mujer del Calvario. Es por ello, Señor, que te suplicamos humildemente por la salud del Santo Padre y de todos aquéllos que están trabajando para hacer del mundo un mundo nuevo, de paz, de fraternidad, de unidad del género humano.

Es por ello, Jesús, en esta noche, aquí en esta gran ciudad que abre los brazos también a una pobre mujer, humilde, te suplicamos:

  • Dale valor al Santo Padre y dale valor a esta mujer que veis aquí para que un compendio de vidas nuevas se levanten a vivir el Evangelio y a llevar el Evangelio a todas partes del mundo… que nuestros pastores nos preparen.

Necesitamos prepararnos todos, unirnos y soportarnos. Es difícil la soportación, pero tenemos que soportarnos los unos a los otros para que así podamos realizar la gran cruzada que debe renovar las profundidades de la Tierra.¿Sabéis por qué? Porque la Tierra necesita purificación: El hombre que se ha rebelado, que se está rebelando, que se está contradiciendo. Necesitamos base y necesitamos firmeza en nuestras acciones, en nuestros actos de la vida abriendo nuestro corazón al Corazón Vivo de Jesús y al Corazón Inmaculado de María. Ellos se están dando en una forma amorosa y generosísima tratando de llegar a todos sus hijos de la Tierra.

Porque les voy a decir, la Madre María, ella nos viene a recoger a todos con su Divino Hijo y ¿sabéis por qué?, porque Jesús ha tomado el cetro y ha dicho: “Madre, levántate, Madre mía, ven conmigo como Pastora de las Almas para guiar a todas las ovejas descarriadas con valor y con fortaleza. Ven, Madre, y ayúdame a tocar los corazones, a conducirlos y a llevarlos al aprisco del amor donde están los pastos verdes y las aguas puras que reafirman la confianza de los hijos de Dios.”

Y les voy a decir ahora, Betania es una pequeña aldea de gente pobre, sí, humilde, pero hay sencillez y hay un corazón dispuesto a llevar el mensaje de su Madre porque es María la que viene a recogernos a todos. Ella vino el 25 de marzo, como lo habéis leído algunos de vosotros, de 1.976, después de dos años que compramos la finca con unos amigos, que están aquí por cierto en esta noche, los Andréu, y luego cuando compramos esta finca, y nosotros los Bianchini tuvimos que irnos a Roma, era necesario estar allí, y algo hermoso pasó. Pasaron unos años y un día mi Madre Santísima se me presentó bajo la advocación de Lourdes y me dijo: “Hijita, tienes que regresar a Caracas porque yo voy a venir como te lo vengo prometiendo. Ya llega el tiempo de los tiempos y yo como Madre del Redentor he tenido que dar el frente a una situación difícil, que con los días te vas a dar cuenta. Cuántas cosas tendréis que ver; es por ello, vuelve a Caracas y para el 11 de febrero yo estaré contigo y luego después mi aparición el 25 de marzo.”

Fue una preparación realmente de sacrificio, de entrega completa. Fue hermoso para mí sentir a mi Madre tan cerca y me decía, yo una mujer casada con hijos, ¡oh Señor!, nadie me va a creer. Y ella me decía: “No, mi pequeña, no sufras, mi Hijo Divino y ésta vuestra Madre, la Madre de toda la humanidad está dispuesta a tocar los corazones de una forma u otra porque yo vengo a rescatarlos, hijita, con mi Hijo, a todos: negros y blancos, feos y bonitos, ricos y pobres, a todos. Vengo a rescatar a esta humanidad confundida y deteriorada porque no están respetando las Leyes del Padre Nuestro que está en el cielo.

Entonces, realmente todas estas cosas me llenaron de una emoción infinita, tierna y delicada. Sentí que mi Madre realmente estaba conmigo a pesar de ser una mujer como cualquiera otra con cualidades o defectos, porque ella es tan comprensiva y tan buena que ella sabe llevar las cosas y cómo las ordena de una manera maravillosa.

Entonces, el 25 de marzo; o mejor dicho, yo tres días antes avisé a mi esposo a Roma para que se viniese, realmente llegó un día después; por cosas, pues, no le era posible estar en el momento preciso… era toda la familia y era difícil que se movilizaran todos. Pero entonces lo que pasó fue muy bello cuando ella vino ese día con sus rayos, así en las manos, hermosísima toda vestida de blanco. En las enramadas de los árboles podía ver como el velo se le enredaba y sus manos bellas, purísimas se posaron así… blancas, un blanco así… hermoso trigueña, no era rubia, no, era un blanco con pelo oscuro y sus ojos rasgados color miel, eran bellísimos, marrones claros digamos.

Yo sentí que mi vida quedaba allí para siempre a su lado y me dijo: “Esta luz, estos rayos son para iluminar a todos los hombres para que se conviertan, para que practiquen el Evangelio, para que recen el rosario y para que todas las familias se unan porque es la familia, hijita, lo que me preocupa. La familia debe crecer llena de amor, llena de comprensión y de estima verdadera a las personas que le rodean; y todo aquél que vaya cruzándose en su vida traten de darles, bien sea una mirada, una sonrisa, un apretón de mano. A todos os pido: mírense a los ojos, contémplense uno al otro para que así haya la comprensión entre las almas y se quieran y se respeten, y se estimen.”

Por supuesto, este mensaje fue un poco largo, en un primer momento fue muy pequeño diciendo que era su presencia en Betania y ella dijo: “Tú ves esto tan solo, esto se llenará, cuántas almas vendrán de todas partes a buscar alivio y conforte a sus males. Cuántos se levantarán, cuántos, hijita. Y mis sacerdotes, mis pastores que se levanten es la hora de preparar al Pueblo de Dios, no se puede perder tiempo, porque si no se preparan cuanto antes vendrá la ruina moral de un pueblo que anhela justicia social, y al decirles justicia social quiero decirles, significarles, que entonces el hombre podrá realmente perderse… porque muchos no sabrán interpretar lo que significa.

He aquí, pues, deseo que mis pastores hagan de este lugar, el lugar de todos los que lleguen abriéndoles los brazos dándoles aliento y serenidad porque es serenidad lo que debe reinar en el mundo, en los hogares, en las familias y en todas las comunidades religiosas, es la comprensión entre hermanos, una viva fe en el Corazón de Jesús, mi Divino Hijo y una ternura hacia los niños y a los ancianos ayudarlos en su vejez a caminar lentamente, pero que caminen con una sonrisa de que Betania viene a abrirle los brazos al mundo, a todas las ideologías del mundo, hijita, nadie puede perderse, todos tienen que llegar a la fuente del amor de esta Madre en mi Divino Hijo.”

Es por ello que yo digo, como lo estamos viendo en todas partes del mundo, nuestra Madre María está viniendo con sus mensajes, con su llamado de alerta al hombre, con su suavidad y ternura. Nos llama al orden para así tomar consciencia y se dediquen realmente a prepararse para esa gran cruzada entre hermanos alrededor del mundo. Que salgan todos a evangelizar. Evangelización piden los tiempos. Estamos casi llegando a los tiempos apocalípticos, diría yo.

Entonces, yo deseo en esta noche agradecer a todos los que están aquí, su presencia, su presencia ante mi Madre, es ella mi Madre, es ella la que cura, es ella la que alivia, es ella la que lo hace todo yo soy simplemente una pobre mujer que escucha su llamado y que desea que todos se amen, que se comprendan y que se estimule un hermano al otro para vivir vida realmente cristiana.

Cristo convive entre nosotros, no lo vemos, pero sí lo sentimos en nuestro corazón. Jesús está en el sagrario, cuántos siglos en el sagrario esperando a todos sus hijos… y esos hijos, muchos sí, lo han seguido con la fidelidad del niño inocente, pero otros se han rebelado y todavía siguen esperándolo allí en medio del bullicio del mundo y de sus placeres confundidos, y agobiados muchos; y digo agobiados porque ya ven como está destruyendo la droga al mundo. ¡Qué dolor grande el de mi Madre, el de Jesús!

Es por ello que yo llamo a los padres de familia: sigan a sus hijos, no los dejen solos, contrólenlos. ¿Qué es lo que están haciendo, a dónde van? Les digo esto porque los muchachos jóvenes cuando están creciendo desean saber del mundo y las pasiones; son jóvenes, tienen sangre y vida nueva, y desean saber ¿qué es esto, qué es aquello? y hay que enseñarles a decir las cosas y que cuiden su persona como un vaso de cristal puro y limpio que no debe mancillarse por la debilidad de la carne, de las pasiones que desajustan la moral del hombre.

Entonces, padres de familia, sean muy comprensivos con sus hijos, sean celadores continuos de esos hijos. Denles, sí, lo que necesiten para sus estudios, para tantas cosas que puedan necesitar, el que puede hacerlo, pero síganlos, cuídenlos, protéjanlos, reúnanse en sus casas, nosotros los católicos rezando el santo rosario, siéntense a la mesa todos para compartir el pan, a vivir vida honesta y digna, una vida familiar que llene el corazón de regocijo y esperanzas y aquellas tres virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad.

Caridad, caridad a manos llenas a donde vayan, donde vivan, caridad. Es la caridad lo que nos va a salvar, sin caridad es difícil entrar al cielo y necesitamos todos entrar para que así algún día todos podamos cantar el Ave María en presencia de la Madre Santa en ese cielo eternal, maravilloso que nos espera, si es tu voluntad santa, Señor y si nosotros hacemos lo mejor por vivir una vida en acorde con los mandamientos de la Ley de Dios y con la doctrina de Jesús, con esa doctrina maravillosa, incólume, bendita y santa.

Quisiera tratar muchos temas que son necesarios en estos momentos, pero sé que el tiempo apremia, sé que va a cantar la Coral, que el Doctor tiene que hablar también y entonces tengo que ir recortando poquito a poco, ya voy a terminar, pero deseo hacerles una petición a todos: Pidamos en este momento por Medugorje, por mi Madre. Háganlo por ella, Nuestra Señora de la Paz, para que haya paz, para que haya unión y para que haya un espíritu de soportación en esa tierra bendita donde mi Madre dejó sus plantas allí y que ha salvado a tantas almas.

Estoy con los niños, estoy con todo Medugorje, con mi corazón. Yo sé que cuando llegue la reconciliación habrá paz en el mundo; sin reconciliación no puede haber paz. Entonces, pidamos porque la reconciliación pueda abarcar al mundo y después podamos decir: Madre de la Paz, Bendita Madre mía, tenemos la paz, la paz del mundo, la paz del universo, la paz de las familias, la paz de toda la humanidad.

Pidamos por ellos en este momento, pidamos por todas las apariciones de mi Madre, los sitios donde ella se haya presentado y pidamos por nuestros sacerdotes de nuevo, para que ellos realmente puedan programar algo muy hermoso y llamar al Pueblo de Dios en consciencia para poder todos prepararnos y en fila poder llevar la Palabra de Dios, poder realmente vivir el Evangelio, y digo el Evangelio, lo vuelvo a repetir, porque la evangelización urge.

Los jóvenes tienen que prepararse, es la juventud que clama justicia, clama amor, clama verdad, clama conocimiento, especialmente clama misericordia de Dios. Y digo juventud porque los muchachos desean realmente vivir en sana paz. Muchos jóvenes buenos existen, y diría la mayoría, hay sus pocos descarriados, pero hay mucho joven que se está preparando y que anhela realmente trabajar para dar gloria al Señor y a María Virgen y Madre de la Iglesia.

Vamos a concientizar en esta noche realmente el por qué está María aquí. Esta es la segunda vez que la saco de Caracas, de Betania. Cuando fui a Maracaibo que me lo pidieron ellos, que llevara a la Madre Santa y ahora fui yo misma, por mi disposición de amor a ella. Tenía la disposición de traerla aquí porque Ella me dijo: “Hijita, llévame, llévame allá adonde vas, a ese gran país que ama a su patria y que clama justicia, verdad, conocimiento y amor.” Y es por ello que María ha venido a visitarlos. Es una visita corta, sí, pero una visita que perdurará eternamente en el corazón de muchas almas porque ella nos viene a reconciliar, Reconciliadora de los Pueblos y Naciones.

Pídanle lo que quieran que ella en esta noche nos va a escuchar y vosotros vais a comprobar en estos mismos días, en 24, 48, 72 horas que los va a visitar en sus hogares con sus rosas de amor y con la brisa suave del Espíritu Santo. Los enfermos serán curados unos, otros van a mejorar de su enfermedad, otros van a sentir una esperanza, una ilusión de algo que ha llegado a su casa, pero que no saben qué es, algo nuevo; es la esperanza que les deja María. Van a sentir también ansias de superación espiritual, deseos de oración y deseo de recibir la Eucaristía casi todos los días, aquellos que no puedan van a comenzar a recibir al Señor.

La Eucaristía es la base primordial de un ser humano; la Eucaristía es el alimento a nuestras almas; nos conforta, nos alimenta, nos da paz y nos da comprensión, serenidad y vida sobrenatural.

Ustedes me ven aquí, parece que estuviera muy bien, pero no; yo estoy delicada de salud. Hoy tuve que hacer un gran esfuerzo para venir. La Virgen me dijo: “No te importe, hijita, ve tranquila y serena. Las pequeñas cosillas, si te falla la voz en un momento dado no te pongas nerviosa porque en el momento que tengas que hablar estarás en condiciones.” Y gracias a Dios; ayer yo no podía ni hablar y hoy ya ven ustedes cómo esa Madre es tan buena y generosa que me dio su habla, o sea, mi voz.

Entonces, pidan ustedes lo que quieran… Ustedes los Sacerdotes que son nuestros pastores, ustedes que tienen la gracia más grande que ser humano pueda tener: la absolución de los pecados del hombre. Ello es un premio del cielo, un premio de Dios, una gracia especial porque han pasado por un seminario, han pasado por grandes pruebas, han pasado por una serie de cosas que en verdad merecen poder absolver los pecados del hombre; y algo más bello, más grande, tomar al Señor en sus manos y elevarlo; la Eucaristía, el Pan de Jesús, su Cuerpo Santo.

Sabedlo bien, la Eucaristía es nuestro alimento, es nuestra vida, es nuestra esperanza, es nuestro gran amor porque allí está Jesús. El amor vivo de Cristo que se da como se dio en la Cruz con clavos punzantes en sus manos, atravesado por una espada en su Costado:

  • Sangre y Agua que brotáis del Sagrado Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia; Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Ya veis la Divina Misericordia del Señor cómo vuelve en estos tiempos para demostrarnos que Él está palpable y está allí en la Eucaristía y con su Corazón abierto viene a iluminar al hombre, viene a hacerlo concientizar y a devolverle la alegría que ha perdido con los tantos pesares que ha tenido; quizás, unos por falta de confianza, por la falta del temor de Dios.

Les digo del temor de Dios: No ofendan al Señor, no lo ofendan. Por eso digo: yo amo y digo amo ese don maravillo del temor de Dios, no por el temor de que me castigue sino de no ofenderlo a Él… al Padre, al Señor Nuestro. No debemos ofenderlo y no debemos hablar en vano; nuestra palabra debe ser de esperanza, de darle la ilusión a las almas, de ayudarlos, de mirarlos a los ojos y confortarles, ayudarlos a caminar cuando estén detenidos en medio del camino y amar todos los hermanos separados, amar a todos los hermanos.

No podemos despreciar a las personas; es por ello, que digo siempre: Todos vamos a una misma fuente en distintas recipientes, pero vamos a Dios. Por supuesto, nosotros los católicos tenemos que amar a nuestra religión y defenderla, pero nosotros no tenemos derecho de irrespetar a las otras, no. Jesús amó y sigue amando y sigue buscando a todos sus hijos.

Entonces, vamos a vivir realmente como cristianos verdaderos, soportando al hermano. Que te ofendan, ¿qué es una ofensa?, no importa, el Señor está por delante, y es el Señor quien se ocupa de hacerles comprender las cosas sin tener nosotros que ofendernos o molestarnos, no, dejemos que cada uno piense lo suyo. Por supuesto, los que podamos conquistar a nuestra gran Iglesia amadísima, conquistémosle en la forma que sea con un corazón limpio, con un corazón lleno de ternura. No vamos a combatir, no debemos combatir con las armas del pecado, y digo pecado porque cuando blasfemamos, decimos cosas que no son, estamos dañando nuestra propia persona, no. Hay que ayudar a quien necesita abrir los ojos frente a una verdad: Jesús, y lo sabemos todos, es el Hijo de Dios, del Padre Eterno de los cielos y lo envió para salvarnos a todos, a redimirnos con su Sangre, a purificarnos; Él se donó y se sigue donando en la Eucaristía.

Vamos a seguirle todos, vamos todos a levantarnos, especialmente nosotros los católicos para respetar la sagrada forma, respetar esa Iglesia, esa capilla, ese santuario; tenemos nosotros, Pueblo de Dios, que responder a los derechos que Jesucristo nos ha dejado, el derecho de decir las cosas claras y de defender su Ministerio, el Ministerio de todos nuestros sacerdotes, nuestras religiosas y nuestra familia de Dios.

Ahora, hermanos, gracias de haber escuchado a esta mujer, deseo otra cosa antes de terminar: Yo creo que a nosotras las mujeres nos toca ocupar nuestro puesto. Dejemos ciertas cosas a los hombres, a los pastores, a los sacerdotes; y nosotras ayudemos, sí, pero en una forma suave, velada, trabajando, sí, en el catecismo ganando las almas con el santo rosario en mano en nuestros hogares, en nuestras familias siguiendo paso a pasito los pasos del Maestro Jesús dador de vida nueva para el hombre. Es por ello, les ruego, no se sientan, nosotras las mujeres, porque no lleguemos a ocupar puestos grandes en la Iglesia, no. Vamos a hacer aquello que el Señor nos permita hacer; es algo tan bello, cada uno trabajar como Dios quiere, no vamos a saltar o dar brincos o ocuparnos de cosas que no nos corresponden.

La Iglesia es perfecta y esa Iglesia debe permanecer incólume de pecado a su alrededor, para ello están los confesores y debemos confesarnos para poder pedir perdón al Señor de nuestras rebeliones espirituales.

Entonces, no sé, yo sé que me han comprendido. Es tan hermoso trabajar en la catequesis, ¡qué bello! Cuántos niños se deben preparar para la Comunión, es una misión bellísima. En mi juventud hice esto muchísimo y fue bellísimo para mí con los niños que vivían bajo los puentes en Caracas,. Joven me iba, cuando tenía 13, 14 años y me sentía tan feliz y poco a poco fui aprendiendo a llevar a los niños esa maravillosa enseñanza del catecismo. ¡Qué bello es preparar a un niño inocente que va a recibir por primera vez a Jesús!

Por supuesto, a nosotras las mujeres nos tocan muchas cosas por hacer, pero el hombre es el hombre y la mujer es la mujer; y debemos todos ocupar nuestro puesto porque cuando nosotras pretendemos hacer las mismas cosas que hacen los hombres viene la confusión y especialmente se pierden las obras.

Es por ello, hermanas, me perdonan, quizás yo no sepa los problemas suficientes que haya aquí en Estados Unidos; pero yo les ruego a todas las mujeres que trabajan solidariamente con nuestra Iglesia y con nuestros sacerdotes, que sigan adelante venciendo al enemigo. El enemigo es muchas veces nuestras debilidades y podamos realmente trabajar en un campo en donde podamos denotar que somos la mujer. La feminidad es tan hermosa.

Yo sé que es duro, muchas tienen que salir a la calle. Yo en mi juventud, a los 16 años, tuve que trabajar de oficinista en un bufete de abogados, y me di cuenta que es fuerte, que es duro encontrarse con un mundo desconocido; sin embargo, yo me sentía feliz porque era algo que me gustaba y aprendí muchísimo y yo fui cumpliendo lentamente, poco a poco mis obligaciones que me correspondían hasta que realmente vino aquel gran día que me fui al Convento haciendo una prueba. Lo sentía en mi corazón, yo sentí que me amaba, lo sentí dentro de mí con mi Madre y yo quería ser una religiosa, darle todo lo que tenía, mi vida consagrada ante un altar adorándolo día y noche con un trabajo forzado y fue cuando me dijo Santa Teresita del Niño Jesús: “Tú naciste en el mundo, hermanita, y en ese mundo vivirás combatiendo con el hombre y llevando la Palabra del Señor.” Y fue cuando me fui a Roma y continuó mi vida con las religiosas, por supuesto, allí conocí a mi esposo y vinieron muchas cosas bellas. Le doy gracias al Señor pude conocer a Padre Pío, fue un padre para mí, me enseñó mucho y al pasar los días, años quizás, me dijo: “Necesitas un confesor en Roma, mi figlia, para que te ayude, porque no tienes que estar viniendo a San Giovanni Rotondo. Podrás venir cada tres meses, pero necesitas un director espiritual en Roma.” Y me dijo que fuese a casa del Padre Felice Capello de la Compañía de Jesús.

Y realmente fue algo hermoso para mi alma, fue como un despertar a la vida de la gracia. Me enseñó a vivir y digo a vivir, a vivir en una constante entrega al Señor completamente, pero fue obra de Padre Pío quien fue para mí el padre amoroso, generoso con carácter y voluntad así era para mí; en cambio, Padre Capello tenía un carácter más suave y me fue llevando, pero quien espoleó mi alma a sentir a Jesús, a Cristo en mi alma, fue Padre Pío de Pietralcina y luego el Padre Capello me dio la enseñanza de lo que significa un alma que da su vida por los demás y es ello lo que el Señor quiere de mí.

Y les voy a decir algo hermoso: Padre Pío y Padre Capello están en loor de santidad y les digo esto porque es necesario, con los días sabrán muchas cosas más de mí, de mi pobre vida, mi vida pequeña, muy pequeña en las manos de María y en el Corazón de mi Jesús Amadísimo que no dejo de amar y deseo que todos lo amen como lo ven aquí como un Niño inocente, un Bebé amado dándoles su bendición, con su Bracito extendido.

Tantas bendiciones se están derramando esta noche sobre todas sus familias, sus casas, para sus hijos, para toda la humanidad.

Y ahora, gracias, Drew; gracias, padres de Drew, gracias a esta familia y gracias a este pueblo bendito que los ha visto nacer a todos. Filadelfia es algo para mí como una esperanza prometida y digo una esperanza prometida porque realmente en esta noche el Espíritu Santo va actuar en tal forma en sus familias, en sus hogares, en sus enfermedades, en todos sus males que sentiréis una alegría infinita, una paz convincente y una serenidad imaginable.

Y ahora pues gracias. He desahogado mi pobre corazón de este algo que llevo dentro que es un amor infinito. Desearía que cada uno se sintiese libre de ataduras, esas ataduras son el pecado, son aquellas cosas que nos dañan que nos perturban. Yo deseo que todos queden purificados, limpios y seguros de que van a comenzar una vida nueva.

En el Nombre de mi Padre, Yo los bendigo, hijos míos,

en el Nombre de mi Madre, Yo les curo del cuerpo y del alma

y les guardo aquí en mi Corazón, les guardaré, les guardaré, les guardaré aquí en mi Corazón desde hoy y para siempre. Amén.

Que la paz sea con vosotros y que la luz del Espíritu Santo ilumine sus almas. Están en paz y en armonía con el mundo entero.

  • Ave María Purísima…

Gracias a todos. Bendito sea el Señor. Bendita mi Madre y benditos todos los que están aquí. Bendito sean todos, hijos míos. Así lo siento. Amén.